Para mí, la creación de retratos es esencial porque pintar rostros es un verdadero desafío artístico que me permite ahondar en la complejidad de las expresiones humanas. Incluir personas como protagonistas de mis pinturas no solo le da vida a la arquitectura y al entorno, sino que también eleva la narrativa de la obra de arte. La presencia de figuras humanas enriquece la composición, convirtiendo un paisaje urbano sencillo en una interacción dinámica llena de historias y emociones.



























